En otra edición del clásico de Avellaneda, una especial, post paso por la B Nacional de Independiente, no sólo contó el apoyo de los hinchas locales, sino también con extranjeros. Sí, en un partido donde sólo podían ingresar socios, la seguridad falló, ¿fallo?
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| En el centro, entre banderas, está ubicada "La Barra del Rojo". |
El sol a pleno, marcaba lo que era una tarde de domingo perfecta para ver fútbol. Más teniendo en cuanta que se enfrentaban Independiente y Racing, un clásico que hace poco más de un año no se jugaba. En la canchas estaban todos, socios (los únicos habilitados a canjear su tickets), periodistas, barras y turistas. Estos últimos abonando cifras a la altura de los derby’s europeos.
El ambiente que se respiraba era festivo, después de un
año de sufrimiento. Independiente se encontraba con su clásico rival en el
Torneo de Primera División del Fútbol Argentino. Al no haber visitantes, se
creyó entonces que las casi 50 mil almas que colmaron el estadio Libertadores
de América eran todos hinchas del rojo. No fue así.
Apostado en la tribuna Norte (cabecera que da a la calle
Alsina donde habitualmente se ubica la barra), se logra identificar fácilmente
a Pablo Álvarez alias “Bebote”, rodeado de unos muchachos en apariencia habitué
a los gimnasios (por sus físicos corpulentos). Hasta allí es todo normal, a
falta de pocos minutos para el comienzo del partido, con los jugadores
terminando la entrada en calor, la barra cantaba, la gente se acomodaba y
alentaba.
Hinchas de importación
Lo inusual fue
escuchar de la nada en medio de la popular palabras en inglés, que después se
transformarían en frases completas hasta dar a cuenta que la tribuna disfrutaba
de la visita de un grupo de turistas. Al notarse eso comenzó el murmullo. No es
que el hincha del rojo estaba en desacuerdo con dicha visita, si no que la
rabia radicaba en que muchos habían tenido que pasar la noche en la boletaría para una entrada que sólo (presuntamente) podía retirar el socio con cuota al
día.
Este contingente de alrededor de 10 personas habría abonado ese día
la suma de $200 dólares por persona, el destinatario de ese dinero, nadie lo sabe.
Lo que sí es concreto es que este grupo de turistas se ubicó en el corazón de la popular y
guiado por una persona de un fluido inglés disfrutó de los pormenores de una
hinchada argenta. Como recuerdo se llevaron una foto con “Bebote” y la anécdota
de haber participado desde las tribunas de un triunfo histórico que puso a
Independiente en las primeras planas de los medios deportivos dominantes.
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Por Martín Capri.

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